En ReporterasFashion hacemos un poco de Historia.
Holanda vivió su particular revolución funcionalista. Tras la Primera Guerra Mundial, dos iniciativas pretendían cambiar el mundo sirviéndose de la arquitectura, pero a través de diferentes planteamientos. Por un lado, la Escuela de Amsterdam, de marcado carácter expresionista, reaccionó contra el racionalismo de Berlage introduciendo elementos exuberantes al lema del “reposo de la forma”. Por otro lado, el movimiento De Stijl, con una estética más minimalista, aplicó la abstracción geométrica de Mondrian al diseño, destacando la figura de Rietveld, que con su Silla Roja y Azul abrió el camino de los funcionalistas posteriores.
El mayor representante del funcionalismo que vendría después fue Gispen, un fabricante enamorado de la vanguardia que aprovechó los sistemas mecánicos aplicados a la producción para fabricar muebles estandarizados que abandonaban progresivamente la herencia artesanal. Su relación con la Bauhaus y su amistad con algunos de los arquitectos más prestigiosos del momento son aspectos palpables dentro de la particular filosofía que destilan sus “objetos sin adorno”, en la línea de los hogares modernos. Los muebles de Gispen causaron furor en Holanda. La resistencia y la calidad son los valores más apreciados de su catálogo, así como la prioridad otorgada a la honestidad del diseño. No en vano, este investigador afirmaba que era “mejor un producto final más caro, pero también más sólido y duradero”. Amante de la sencillez, este diseñador industrial ha conseguido introducir en los hogares contemporáneos clásicos que nunca pasarán de moda.
Enlace imprescindible: Gispen