Nos hemos propuesto hacer apología del dormir. Este año todos y todas puntualmente a la cama, con Lunnys o sin ellos. A continuación, seguidamente del último post en el que explicábamos los avatares del dormir bien y del dormir mal, os exponemos más motivos por los que vale la pena dormir en condiciones. En primer lugar, seguimos recalcando que no hay mejor tratamiento de belleza que dormir, porque durante el sueño la piel recupera la energía gastada durante el día, se oxigena, se repara y se renueva. Es un auténtico programa antienvejecimiento, que funciona, como otros muchos procesos del organismo, al compás de un ritmo circadiano. La regenereación de la piel es tres veces más intensa durante la noche, sobre todo entre la 1 y las 4 de la mañana. Entonces, el reposo y la oscuridad son imprescindibles para preservar la fragilidad de las células y también para hacerlas más receptivas a los principios activos de las cremas.
Busca un producto que ayude a la piel en sus funciones nocturnas: producir proteínas y lípidos y reparar el ADN dañado, y también que se adapte a tus necesidades y edad. Durante la noche la piel es más receptiva a los tratamientos, es más permeables y los activos penetran y se asimilan con más facilidad. Es imprescindible aplicar la crema con la piel muy limpia. Nunca renuncies a la limpiadora y al tónico, y disfruta de tu primera imagen de la mañana sonriendo al espejo.